Hoy tendemos a hablar simplemente del enfoque comunicativo, por oposición al enfoque prescriptivo o gramatical (no seguir insistiendo en la estructura de la oración y sus elementos, en los listados de sinónimos y antónimos, en las reglas ortográficas y en las conjugaciones verbales…).
Si bien el enfoque se fue cohesionando desde la década del 80, es necesario reconocer que los maestros nunca tuvimos la oportunidad de apropiárnoslo, porque los programas de formación nunca apuntaron hacia él, con algunas excepciones, y porque los autores de los libros de texto y los diseñadores de currículo, parece que nunca lo entendieron, pues el enfoque no aparece en estos documentos, aunque en las “presentaciones”, prólogos y solapas aduzcan asumirlo.
La lectura y la escritura son procesos activos de construcción por parte del sujeto que, no puede apropiarse verdaderamente de un conocimiento sólo hasta cuando ha comprendido su modo de apropiación; es decir, cuando lo ha reconstruido internamente.
Leer y escribir bien, son disciplinas que tienen un inicio pero nunca tienen fin, pues, siempre tendremos la oportunidad de mejorar cada vez más. Son disciplinas que se adquieren con prácticas continuas. En un texto verbal sea oral y/o escrito se encuentran múltiples formas de comunicación, pero… comunicarse a veces no es tan fácil.
Por otra parte, bastante se ha discutido sobre el concepto y la práctica de lo que es educar, pero mientras no exista la profunda consciencia de lo que hacemos como educadores, aunada a una buena dosis de voluntad por los procesos continuos de mejoramiento y transformación, todo seguirá en un círculo de decadencia cuando, como dijo Marshal Berman: “corremos el riesgo de quedarnos pequeños en un mundo que invita a la grandeza”.
Si se tiene en cuenta que el ser humano nace como potencialidad, como si fuera una semilla, la educación sería el puente para ayudarnos a convertirla en un árbol hermoso y bien desarrollado, con capacidad sobrada de enfrentar alegremente los embates ambientales (sociales), incluso provocando cambios de gran significación en su propio entorno y de manera expansiva.
Dos conceptos de significación y por todos conocidos, nos dicen es que lo que se hace del preescolar a la universidad es completamente lo contrario, es otra cosa pero no se educa.
La primera indica que educar es sacar algo de dentro (potencialidades, capacidades, habilidades…), sacar algo que está en nuestro interior, hacer evidente y expresar lo mejor que se lleva dentro. Pero lo que realmente se hace es llenar y llenar; se vierte todo tipo de cosas (datos, información) y la menor preocupación es querer sacar, extraer la capacidad, habilidad y/o actitud de los estudiantes. Se vacían “las áreas” de conocimientos, pero no se utilizan como instrumentos o pretextos para sacar lo mejor de la potencialidad humana. Se los convierte en loros, se los trata como computadores; que al igual que se introduce todo tipo de información, así mismo se lo hace con los estudiantes.
El otro significado viene de la palabra educare, que implica conducir de la oscuridad a la luz. Por lo general se vive en la oscuridad y en la inconsciencia, aunque existe la viabilidad y la capacidad de llenarse de luz. Ese fuego está ahí, sólo tiene que provocarse. La consciencia está ahí, pero tiene que ser despertada. Siempre se trae consigo. El ser humano nace como una oportunidad, como una ocasión constante. La educación es entonces, traer de la oscuridad a la luz. Hacer que los estudiantes sean “ellos mismos”, autónomos, conscientes, inteligentes, libres. Hacer que no funcionen como máquinas de de manera mecánica, instruidos, robotizados.
Competencias en lectura y composición del texto escrito
Enfoque Significativo y Comunicativo de La Lengua Escrita

