Aunque existe muchas experiencias donde el proceso del leer y el escribir pueden comenzar desde los primeros años de vida, en el ámbito educativo institucional inicia desde que el niño ingresa a ella, para lo cual, el educador y/o educadora antes de comenzar dichos procesos, deberían ubicar primero en qué nivel de la lógica de la lengua escrita se encuentra el infante que es entregado para su educación.
No se puede identificar lectura con descifrado ni escritura con la copia de un modelo externo. El desarrollo de los niños puede variar haciendo hipótesis para la lectura y otras para la escritura; por eso, se propone dejar de hacerle escribir al niño letras, sílabas y frases sin sentido, no para que invente su propio sistema sino para que pueda descubrir que su sistema no es el nuestro y que descubra razones válidas para sustituir sus propias hipótesis por las convencionales.
El niño no inventa o escoge letras al azar, sino que tienen un sentido; por lo que se da un aprendizaje de una técnica vaciada de contenido. Hay que reasignar un significado a la lectura como interpretación activa por parte del niño de los modelos del mundo adulto. Si el niño tiene como única vía al texto el descifrado, el niño hace ruidos repitiendo el signo que el maestro quiere que repita pero sin comprensión de él; el texto se vuelve una larga y tediosa serie de sílabas sin sentido donde se llega al final sin saber el comienzo.
El descifrado es fácil cuando se sabe leer, pero utilizar el descifrado como medio para comprender una palabra, pone al niño casi siempre en condiciones de fracasar. El significado no es consecuencia de un reconocimiento letra por letra o palabra por palabra, ya que el significado no va a depender de un descifrado correcto. Con frases como: “mi mamá me mima”, “el carro corre” o “Paco le toca la cola a la vaca”, el niño no puede hacer anticipaciones ya que no corresponden a ningún lenguaje real y no transmiten nada porque toda intención comunicativa le es ajena y olvida lo que el niño ya sabe. Las anticipaciones inteligentes del niño son estrategias del pensamiento y del aprendizaje de la lectura, como las semánticas para anticipar el significado y las sintácticas, que anticipan elementos como el verbo y el sujeto.
En el proceso educativo escolar, la diagnosticada mirada en torno a los usos del lenguaje, nos evidencia que los estudiantes han aprendido a leer pero no lo han hecho leyendo, así como tampoco han aprendido a escribir sólo copiando; se ha observado igualmente que la enseñanza del proceso lector y escritor no pueden dar resultado cuando todo gira en torno a la decodificación simple y al ejercicio gramatical y de copia, saturada de actividades lingüísticas mecánicas como la caligrafía, los dictados, transcripciones las planas –copias- y las reglas gramaticales, que poco o nada contribuyen al verdadero ejercicio del leer y el escribir.
Cuando se construye el texto escrito desde la Forma(el código) en ausencia del Fondo (el texto), es como realizar castillos en el aire, es crear en el vacío. Darle forma a un texto que no emerja del mismo estudiante, o de la misma persona que escribe, es un texto sin sentido y sin significado, por lo que la actividad en este sentido, se torna árida, monótona y tediosa, provocando únicamente aversión a lo que se quiere enseñar y/o aprender.
Por lo regular, Leer y Escribir en el ámbito de la institución educativa, prácticamente el más ausente de la práctica es la lectura sin pedirles cuentas y la elaboración de textos escritos que no sean copias o simples transcripciones aisladas de algo que las conecte. Se utilizan únicamente como instrumentos para el ejercicio del poder y la domesticación.
Escribir es un ejercicio procesual donde se generan, incuban, capturan, manipulan y se organizan las ideas; es construir actitudes para el afecto y el gusto por la escritura, saber porqué se escribe, donde se sienta y se piense el escribir; luego se desarrollen las habilidades, donde se analice la comunicación, se construyan conceptos, se realicen esquemas, borradores para valorar y rehacer lo escrito. Para todo esto se necesitan los respectivos conocimientos para adecuar el texto hasta los niveles de formalidad, con su estructura, coherencia, cohesión, normativa lingüística, ortografía, recursos teóricos y su presentación. Para un buen escribir se necesita tener aptitud, habilidad y actitud, el conocimiento y su uso deben ser evidentes. Es un proceso total que va desde el fondo hasta la forma, desde el caos al orden; desde la expresión propia de la persona, donde la lingüística le ayudad a pulir su lenguaje y le da la forma escultural para la comunicación.
Construir Texto es comenzar con el fondo (capturar, organizar, clasificar, jerarquizar y priorizar las ideas) para luego darle forma (código escrito, la gramática); es como un juego de construcción, en el que se sabe lo que se quiere y para lo cual se añade y se retocan las piezas hasta conseguir la forma pensada. Aquí el aspecto central es el contenido y el pensamiento que se moviliza dentro; inicialmente no hay reglas puesto que se va en una lógica del caos hacia el orden, donde el error no es deficiencia sino un recurso potencial donde se necesita conciencia, planificación, esquemas, borradores, relecturas y correcciones permanentes, donde el texto va y viene hasta conseguir su depuración y buena forma. Una vez se realicen las nuevas relaciones o significaciones, el proceso de acercamiento a las formas lingüísticas se va construyendo, siempre y cuando exista el cimiento textual, de lo contrario volveríamos a caer en el gramaticalismo. El Trabajo Del Leer y Escribir en El Aula
Introducir legal y jurídicamente la planeación al ámbito educativo desde la ley 115 de 1994 –Ley general de Educación- por medio de los Proyectos Educativos Institucionales –PEI-, el hecho educativo ingresa al mundo de la futurología donde el presente se pretende trabajar desde el futuro planteado. Se instaura un territorio fértil para la reflexión permanente del trípode de la mesa educativa: La enseñanza, el aprendizaje y la evaluación, cobijadas por los ámbitos directivo, misional y comunitario.
Aunque la reflexión viene incrementándose asertivamente a partir de 1982, fecha en que la Federación Colombiana de Educadores de Colombia –FECODE- y fruto de ello sale a la luz pública la Ley General de Educación, esta instancia legal le da un nuevo aliento y energía. Entonces poco a poco, aspectos poco trabajados en el ámbito educativo –proyectos, aprendizaje, evaluación, convivencia, desempeño, mejoramiento- van tomando fuerza y madurez en la inquietud profesional de los educadores, con el objeto de darle mayor propiedad, conciencia y calidad a la labor de educar.
La madurez conceptual y operativa de la práctica pedagógica va incidiendo en el pensamiento y sentir de quienes nos dedicamos a la educación; así mismo, los avances simultáneos y acelerados en este mismo campo en el mundo, provocan constantemente la transformación de las Políticas educativas del país Por ejemplo, transitando desde el examen a la evaluación y de esta a la cultura del mejoramiento, con una resignificación focal de lo proyectado, ejecutado, evaluado y replanteado; o también desde los PEI a la “Certificación” o gestión de calidad; del tablero al mundo virtual.
El manejo de todas estas nuevas condiciones, permiten al profesional de la educación poder vislumbrar ampliamente su contexto, para no actuar con ceguera política; sin permitir que manipule ni sea manipulado por tendencias que pueden volver los medios sus fines y llevar al traste la tal supuesta calidad que tanto se pregona, pero que innumerables condiciones más que todo políticas que inadecuadamente intencionales pueden terminar destruyendo los objetivos de una excelente educación. Proyectos Educativos Institucionales -PEI
Hoy existe es una gran dificultad en asumir nuevos valores, sin desechar valores tradicionales perennes que tendrían que reafirmarse e incluso redifinirse. Hay muchos valores nuevos por concebir, aunque antes se hayan mencionado constantemente, aún no tenían la categoría de principios. Hay principios que gobiernan el comportamiento humana, leyes naturales de la dimensión humana que son tan reales, constantes y que indiscutiblemente están “allí” como las leyes de la gravitación universal en la dimensión física.
Los principios son como faros; son leyes naturales que no se pueden quebrantar. Ninguno de los principios corresponde a una doctrina, filosofía o religión en particular. Son evidentes por sí mismos y pueden ser comprobados fácilmente por cualquier persona. Es como si tales principios formaran parte de la condición y conciencia humana. Parecen existir en todos los seres humanos, independientemente del condicionamiento social y de la lealtad a ellos, incluso aunque puedan verse sumergidos, adormecidos u ocultos por el imperio de condiciones negativas.
Los principios no son prácticas. Una práctica es una actividad o acción específica. Una práctica que da resultado en cierta circunstancia no necesariamente lo dará en otra. Mientras que las prácticas son específicas de las situaciones, los principios son verdades profundas, fundamentales, de aplicación universal. Se aplican a los individuos, las familias, los matrimonios, a las empresas y organizaciones privadas y públicas de todo tipo. Cuando esas verdades se internalizan como hábitos, otorgan el poder de crear una amplia variedad de prácticas para abordar diferentes situaciones.
Los principios tampoco son valores. Una pandilla de ladrones puede tener valores, pero violan los principios fundamentales de los que estamos hablando. Los principios son el territorio. Los valores son mapas. Los principios son directrices para la conducta humana que han demostrado tener un valor duradero, permanente. Son fundamentales. Son esencialmente indiscutibles, porque son evidentes por sí mismos.
El principio opera como el volante de un reloj que mantiene el ritmo regular de su mecanismo, conserva el equilibrio entre pensar y sentir. Se traducen en una vida ordenada; sin ellos, no habría más que desorden y caos. Evitan los extremos, puesto que el principio representa la armonía de los contrarios, la integración del sentimiento con el pensamiento.
Por mucho tiempo, se ha patentado la idea errónea de que todo lo que causa “sufrimiento y dolor” es bueno para el crecimiento humano. El dolor puede redimirnos, pero no cuando procede de fuera, impuesto por otros -orden, miedo, poder-; es válido cuando es parte de… o consecuencia de… y además cuando se asume con plena consciencia y se hace uso de él.
La disciplina implica por lo general la vieja concepción negativa de hacer lo que no nos gusta y que además es sinónimo de sufrimiento -castigo, privación, dolor-; ¿porqué no podría ser algo que sea natural, divertido, que provoca poder sobre sí mismos, hacer lo que nos agrada y queremos? Lo primero ha sido usado en innumerables ocasiones para la domesticación y la manipulación; lo segundo beneficia el propio desarrollo de los individuos.
Actualmente, los valores como la desobediencia y la rebeldía podrían constituirse en principios modernos por concebir y ayudar a construir el desarrollo humano y social. Para esto, podría contribuir inmensamente el aprender a comprender primero a los demás para luego poder ser comprendidos en las relaciones interpersonales. La Disciplina
El nuevo orden social está comandado por múltiples factores, de los cuales, el de mayor incidencia lo marca el campo de la producción económica y material. Desde estas situaciones cabe preguntarse ¿qué incidencia tiene la educación? Lo obvio sería decir que debería marcar la pauta del desarrollo social; pero lo cierto es que no es así. Verdaderamente, el que instala las pautas de formación educativa es el orden económico, el sector educativo entonces parece estar a su servicio y se subordina a por lo menos nivelarse a sus condiciones, que se expanden en el ámbito global.
Sin embargo, no puede negarse que las nuevas miradas y enfoques concuerdan con un jalonamiento para el crecimiento y desarrollo humano. Pero la transformación educativa sucede a pasos paquidérmicos; ya que el ámbito de formación precedente dirigida por el orden fabril tiene raíces profundas, y son aquellas personas las que aún orientan la educación; aunque muchas de ellas y por su constante actualización están sintonizadas con el orden actual e incluso van más allá; creando e incidiendo en la construcción de condiciones propicias para que la educación sea la que tome el mando en la sociedad.
Necesitamos que los educadores incentivemos el aprendizaje de la enseñanza; aprendiendo y utilizando los nuevos insumos que podemos extraer de la conceptualización y experiencias mundiales, para lo cual está a disposición de todos las Tecnologías informacionales. Eso sí, tenemos que recordar que no basta con disponer, obtener y leer la información; hace falta realizar su procesamiento paciente, inteligente y sobre todo, que podamos vivenciarla con quienes son nuestros estudiantes. Así mismo, necesitamos trabajar en grupo, mancomunadamente; sin olvidarnos que “es mejor la angustia de la búsqueda que la seguridad de la rutina”, y si estamos todos juntos, eso puede ser muy gratificante. La educación Tradicional Fabril
Para ninguno -sobre todo si es Educador- es desconocida la situación mundial actual, que querámoslo o no, incide profunda y radicalmente en la forma de encarar -tanto a nivel conceptual como operativa- la labor de formación para estudiantes de la generación digital.
El nuevo orden de la memoria obliga perentoriamente a transformar el trabajo de la enseñanza y el aprendizaje. Se cae fácilmente en el ridículo cuando la actividad en el aula aún está en la copia, acumular información, resolver preguntas que nada tienen que ver con la vida en transcurso, y pero todavía cuando hay que hacer actividades sólo por obedecer al profesor. Pues, resulta que aunque persistamos en las viejas pautas de educar, ya no resultan efectivas para las condiciones totalmente diferentes de aprender. Por ejemplo, un estudiante ya no necesita copiar nada en el cuaderno, porque dispone de tecnología propias para almacenar manejar todo tipo de información, del tamaño que sea; lo que realmente necesita es que se le ayude aprender a buscarla, organizarla, trabajarla, manejarla y usarla.
Así el estudiante no posea y no cuente con dicha tecnología, es ineludible hacer un trabajo educativo con procedimientos acordes con la sociedad donde la información y el conocimiento se constituyen en su fuente vital y productiva. Lo real es que incluso el aula donde trabajamos es virtual, porque lo virtual no es solo lo audiovisual electrónico, las simulaciones tambien son de ese carácter y eso es lo que se hace en la clase constantemente.
La educación simplemente deja de lado el crecimiento de la inteligencia en niños, adolescentes y jóvenes; porque constantemente se le suministra la respuesta, o se le prepara para que descubra la respuesta que está predeterminada. No se les permite que los estudiantes encuentren las respuestas por ellos mismos. Siempre se le dice lo que hay que hacer y responder. Se les pide creatividad y cuando lo hacen se les regaña, no se valora lo suyo, y hasta se les castiga. Cuando la respuesta viene dada desde fuera, la inteligencia y la capacidad no necesita crecer.
Todo insumo que nos de y nos aporte a la visión y misión de la misión educativa -Académico y convivencial- es bienvenido, ya que nos apoyará el mejoramiento continuo de lo que hacemos con los estudiantes en sus procesos de formación. Por eso hoy la inquietud generalizada está en torno a incentivar el aprendizaje como principio vital de todo ser humana. En un altísimo grado el aprendizaje tiene que ver más con el mundo afectivo que con el cognitivo, ya que implica: disposición, motivación, interés. significatividad, decisión, compromiso, responsabilidad, libertad. Por lo tanto, tendrá que ser agradable, alegre, útil y con mucho sentido.
Por lo general, se ha tenido la creencia que, con solo albergar el dato y la información en la memoria ya es garantía del aprendizaje. Por eso, la mayoría de las prácticas pedagógicas giran en torno a esta errada concepción de la acumulación mecánica del saber. Sin embargo, el nuevo orden de la memoria expandido y concretado por medio de las diversas Tecnologías de la información y la comunicación, ha hecho que los enfoques conceptuales y operativos de la educación de los estudiantes cambien y pretendan una transformación radicalmente y con urgencia.
No solo basta con archivar el dato y la información en nuestra memoria para que se produzca aprendizaje. Se requieren diversas condiciones para que un nuevo concepto tenga incidencia y aplicabilidad en la vida de un estudiante. Tradicionalmente sólo se transmitía una definición, la cual tenía que guardarse -mecánicamente, tanto en el cuaderno como en el cerebro- para luego repetirse así mismo cuando así se solicitaba, obviamente sin contar si se entendía o no.
Realmente no se contaba con otros aspectos relevantes para que verdaderamente se produzca conocimiento. Para comenzar es necesario contar con quien quiere aprender para poder enseñar, Luego, orientar o crear las condiciones de búsqueda, abordaje, apropiación, interiorización, significancia, sentido y aplicabilidad. prácticamente no se contaban con estos momentos del proceso de formación. De ahí que con las ahora llamadas Competencias, se requieren multiplicidad de metodologías para hacerlas efectivas.
No se puede decir que una forma basta; pues, bien sabemos que una pregunta o un problema sugieren sus propios procedimientos, donde incluso se puede echar mano de algunos pasos o momentos de unas y otras formas de proceder. La lógica de la dificultad dice de cierta lógica metodológica. No podemos despreciar los múltiples aportes que hacen las escuelas de pensamiento o las corrientes educativas y pedagógicas que han hecho, hacen y seguirán haciendo a la nueva concepción educativa y sus prácticas pedagógicas.
La médula espinal del trabajo académico en las instituciones educativas e incluso fuera de ellas es la “lectura y la escritura”, por lo cual, se requieren multiplicidad de metodologías y formas para hacer competentes a los estudiantes en estos ámbitos. Una de esas formas es aprender y enseñar el proceso de la construcción del texto escrito utilizando algunas de los procedimientos para el procesamiento de la información y los datos.
Hacer un tejido de estas dos técnicas, implican procedimientos metodológicos para la enseñanza y el aprendizaje por competencias. Es de sugerir que debemos quejarnos menos y hacer uso adecuado de las tecnologías informacionales. El problema no es que niños, adolescentes y jóvenes realicen únicamente la actividad “ubicar, bloquear cortar y pegar“, sin que se de el procesamiento de estudio y manejo de esas informaciones; eso es lo que se les pide, entonces ¿por qué renegamos tanto de ello? Deberíamos verdaderamente formar esos buscadores que hoy tanto necesita la sociedad.
Hoy es más vigente que nunca la idea de platón de que “el exceso de información no deja pensar“, por eso, ante las nuevas condiciones educativas, tenemos que avanzar más despacio y firme para conseguir resultados precisos y rápidos. El problema de la educación es ahora más de resta que de suma.
Para muchos, el saber implica necesariamente el saber hacer, o por otro lado, tener la experiencia es ya una garantía para teorizarla. Sin embargo, no siempre el que tiene el saber puede directamente hacer la práctica de ella, o el que haya vivido una experiencia puede conceptualizarla de manera coherente y organizada.
Para acercar una saber, una información o una teoría a la aplicación, práctica o experimentación, o por otra parte, aproximarse a procesos de abstracción que, desde el lenguaje se de cuenta de una vivencia, necesariamente tienen que traducirse en aspectos y condiciones instrumentales de trabajo que puedan unir o enlazar estos dos campos o mundos del saber y el hacer -o viceversa- . Esos son los puentes que hay que construir, con el cual se puede unir o comunicar ambos territorios.
Pasar de lo abstracto a lo concreto o de concreto a lo abstracto, se requieren diversas y múltiples herramientas y técnicas, instrumentos que se constituirían en los maderos o atravesaños desde los cuales pueden viabilizarse la teoría y la práctica. De ahí que es importante comprender y entender que no todo el que sabe obligadamente puede hacer la práctica, o, todo el que tenga la experiencia necesariamente pueda explicar o dar cuenta de ella a través de un elaborado discurso. Ambos requieren condiciones de paso al campo que desean acercarse.