Necesitamos que los educadores incentivemos el aprendizaje de la enseñanza; aprendiendo y utilizando los nuevos insumos que podemos extraer de la conceptualización y experiencias mundiales, para lo cual está a disposición de todos las TecnologÃas informacionales. Eso sÃ, tenemos que recordar que no basta con disponer, obtener y leer la información; hace falta realizar su procesamiento paciente, inteligente y sobre todo, que podamos vivenciarla con quienes son nuestros estudiantes. Asà mismo, necesitamos trabajar en grupo, mancomunadamente; sin olvidarnos que “es mejor la angustia de la búsqueda que la seguridad de la rutina”, y si estamos todos juntos, eso puede ser muy gratificante. La educación Tradicional Fabril
Para ninguno -sobre todo si es Educador- es desconocida la situación mundial actual, que querámoslo o no, incide profunda y radicalmente en la forma de encarar -tanto a nivel conceptual como operativa- la labor de formación para estudiantes de la generación digital.
El nuevo orden de la memoria obliga perentoriamente a transformar el trabajo  de la enseñanza y el aprendizaje. Se cae fácilmente en el ridÃculo cuando la actividad en el aula aún está en la copia, acumular información, resolver preguntas que nada tienen que ver con la vida en transcurso, y pero todavÃa cuando hay que hacer actividades sólo por obedecer al profesor. Pues, resulta que aunque persistamos en las viejas pautas de educar, ya no resultan efectivas para las condiciones totalmente diferentes de aprender. Por ejemplo, un estudiante ya no necesita copiar nada en el cuaderno, porque dispone de tecnologÃa propias para almacenar manejar todo tipo de información, del tamaño que sea; lo que realmente necesita es que se le ayude aprender a buscarla, organizarla, trabajarla, manejarla y usarla.
Asà el estudiante no posea y no cuente con dicha tecnologÃa, es ineludible hacer un trabajo educativo con procedimientos acordes con la sociedad donde la información y el conocimiento se constituyen en su fuente vital y productiva. Lo real es que incluso el aula donde trabajamos es virtual, porque lo virtual no es solo lo audiovisual electrónico, las simulaciones tambien son de ese carácter y eso es lo que se hace en la clase constantemente.
La educación simplemente deja de lado el crecimiento de la inteligencia en niños, adolescentes y jóvenes; porque constantemente se le suministra la respuesta, o se le prepara para que descubra la respuesta que está predeterminada. No se les permite que los estudiantes encuentren las respuestas por ellos mismos. Siempre se le dice lo que hay que hacer y responder. Se les pide creatividad y cuando lo hacen se les regaña, no se valora lo suyo, y hasta se les castiga. Cuando la respuesta viene dada desde fuera, la inteligencia y la capacidad no necesita crecer.
Hoy, más que nunca, tenemos otra oportunidad de hacer un verdadero trabajo de formación construyendo los saberes pero desde el Ser de los estudiantes. Entre mejor individuo, mejor sociedad. El Individuo Social
La inquietud en torno a la formación para el manejo del conflicto y la convivencia pacÃfica deben ser parte del pensum curricular -plan de estudios y plan de convivencia-; es por eso que, el trabajo con el conocimiento, asà como contribuir a la construcción de las relaciones humanas inteligentes tienen que ser las dos caras de una misma moneda; la labor entonces tiene que ser de carácter simultáneo; ya que no se podrÃa deslindar categóricamente donde comienza y dónde termina cada aspecto o cada ámbito. El Ser y el Saber son un tejido tanto individual como social.
Aunque en el ámbito pedagógico y sobre todo, en el campo de las áreas del conocimiento institucional existe un oceano de información, hoy necesitamos madurar aún más la forma de encarar las nuevas condiciones actuales de la sociedad. Sin embargo, y por otro lado, la formación como individuos poseedores de una interioridad particular, sobre todo en lo referido a las emociones,los sentimiento y el carácter, ha sido excluido de la formación educativa, aunque siempre se hable de integralidad.
Para muchos, el saber implica necesariamente el saber hacer, o por otro lado, tener la experiencia es ya una garantÃa para teorizarla. Sin embargo, no siempre el que tiene el saber puede directamente hacer la práctica de ella, o el que haya vivido una experiencia puede conceptualizarla de manera coherente y organizada.
Para acercar una saber, una información o una teorÃa a la aplicación, práctica o experimentación, o por otra parte, aproximarse a procesos de abstracción que, desde el lenguaje se de cuenta de una vivencia,  necesariamente tienen que traducirse en aspectos y condiciones instrumentales de trabajo que puedan unir o enlazar estos dos campos o mundos del saber y el hacer -o viceversa- . Esos son los puentes que hay que construir, con el cual se puede unir o comunicar ambos territorios.
Dicha preocupación, por vincular el aula a la vida, se comienza a vislumbrar en nuestras leyes educativas, cuando en los planes de estudio, deben incluirse los proyectos obligatorios; Sexualidad y afecto, uso adecuado del tiempo, democracia y convivencia pacÃfica, gestión y protección del medio ambiente, recreación y deportes, valores humanos. Esta idea ha ido madurando, y cada vez se le presta mayor atención; hoy se les denomina los “ejes transversales” del currÃculo. Esto realmente implica que las áreas de conocimiento no dan cuenta con los aspectos medulares de la vida humana, por lo tanto se tiene que recurrir a “anexos” de campos temáticos.
Desgraciadamente, sólo se deja la responsabilidad a unas pocas áreas -ciencias naturales, ciencias sociales, educación  religiosa, educación fÃsica…-, lo que se queda en responsabilidades igualmente aisladas, aunque se hace un trabajo extendido o expandido a toda la población escolar.
Tenemos que tomar conciencia de que, es tarea de todos los educadores y todas las áreas traer y llevar la vida desde nuestros propios abordajes conceptuales y experienciales. Los ejes transversales son un ejercicio de largo aliento de cada área, ya que ahora pueden formularse ejes que cada una de las áreas el plan de estudios pueden asumir.
Desde la exigencia en las Instituciones Educativas del Proyecto Educativo Institucional -PEI en Colombia- que, con lay Ley General de Educación -Ley 115 de 1994- y, reglamentado por medio del Decreto 1860 del mismo año, surge la inquietud permanente por querer establecer un modelo educativo y pedagógico que de cuenta en las instituciones de las nuevas condiciones globales y locales en los establecimientos encargados de la formación de sus estudiantes. Hoy esta inquietud se incentiva con la implementación de un sistema de evaluación.
Bien sabemos, que cualquier clasificación es una arbitrariedad, y se corre el riesgo de cerrar muchas posibilidades a otros aportes -escuelas de pensamiento, corrientes pedagógicas, teorÃas educativas, modelos diversos de enseñanza y aprendizaje- que, aparentemente parecerÃan contradictorias con el enfoque elegido o elaborado en el equipo de gestión institucional y que, sin mediar reflexión, se descarta su potencial de apoyo.