Nov 2, 2009

Escrito por LuHer | 0 comentarios

Guiarse por Principios


Hoy existe es una gran dificultad en asumir nuevos valores, sin desechar valores tradicionales perennes que tendrían que reafirmarse e incluso redifinirse. Hay muchos valores nuevos por concebir, aunque antes se hayan mencionado constantemente, aún no tenían la categoría de principiosHay principios que gobiernan el comportamiento humana, leyes naturales de la dimensión humana que son tan reales, constantes y que indiscutiblemente están “allí” como las leyes de la gravitación universal en la dimensión física.

Los principios son como faros; son leyes naturales que no se pueden quebrantar. Ninguno de los principios corresponde a una doctrina, filosofía o religión en particular. Son evidentes por sí mismos y pueden ser comprobados fácilmente por cualquier per­sona. Es como si tales principios formaran parte de la condición y conciencia humana. Parecen existir en todos los seres humanos, independientemente del condicionamiento social y de la lealtad a ellos, incluso aunque puedan verse sumergidos, adormeci­dos u ocultos por el imperio de condiciones negativas.

Los principios no son prácticas. Una práctica es una actividad o acción específica. Una práctica que da resultado en cierta circunstancia no necesariamente lo dará en otra. Mientras que las prácticas son específicas de las situaciones, los principios son verdades profundas, fundamentales, de aplicación universal. Se aplican a los individuos, las familias, los matrimonios, a las empresas y organizaciones privadas y públicas de todo tipo. Cuando esas verdades se internalizan como hábitos, otorgan el poder de crear una amplia variedad de prácticas para abordar diferentes situaciones.

Los principios tampoco son valores. Una pandilla de ladrones puede tener valores, pero violan los principios fundamentales de los que estamos hablando. Los principios son el territorio. Los valores son mapas. Los principios son directrices para la conducta humana que han demostrado tener un valor duradero, permanente. Son fundamentales. Son esencialmente indiscutibles, porque son evidentes por sí mismos.

El principio opera como el volante de un reloj que mantiene el ritmo regular de su mecanismo, conserva el equilibrio entre pensar y sentir. Se traducen en una vida ordenada; sin ellos, no habría más que desorden y caos. Evitan los extremos, puesto que el principio representa la armonía de los contrarios, la integración del sentimiento con el pensamiento.

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